Eventos desafortunados.

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El beisbol, así como la vida, presenta situaciones de todo tipo: eventos dulces que llenan de alegría a sus protagonistas, periodos de normalidad y regularidad, y situaciones difíciles y hasta trágicas o que desencadenan o inician tragedias.

Es de convención entre los aficionados venezolanos, que hubo dos eventos que marcaron o iniciaron la caída en desgracia de dos importantes peloteros paisanos:

  • El juego casi-perfecto de Armando Galarraga, roto solo por la infame sentencia de Jim Joyce en primera base, faltando apenas un out para terminar; este evento supuestamente, significó el inicio de la debacle de su carrera.
  • El Derby de Jonrones de 2005, ganado por Bob Abreu y que en teoría supuso un desgaste para el pelotero, al punto de descarrilar su temporada y hacerle perder poder para el resto de su carrera.

Dos eventos que, a la manera de ver de muchos, fueron hitos que cambiaron el curso de las posibilidades de dichos jugadores, pero, ¿qué tanto de verdad hay tras de ello?

Veamos caso por caso, empezando por Armando. El dos de junio de 2010, Galarraga enfrentaba junto a su equipo, los Tigres de Detroit, a los Indios de Cleveland. Luego de enfrentar a 26 bateadores y sin haber permitido que ninguno de ellos llegara a base alguna, tocó lanzarle a Jason Donald quien bateó la bola de rodado por primera que tomó Miguel Cabrera, movido hacia el terreno de la segunda, y la lanzó a Galarraga quien cubría primera base, llegando la misma a su guante con evidente y suficiente antelación que el corredor pero el árbitro de primera, Jim Joyce, de manera completamente desacertada sentenció quieto en la jugada.

Luego de ese partido, Galarraga solo lanzó en 34 juegos más en las Grandes Ligas, hasta 2012. Aun cuando Armando manejó de una manera extremadamente noble el tema, dando a entender que no había resquemores con lo sucedido, mucho se especuló que ese juego «rompió» de alguna manera al joven lanzador. Analicemos entonces, si hay alguna manera de tratar de constatar esto.

Veamos inicialmente la efectividad de Armando juego a juego, resaltando la ERA que tenía en su carrera al momento del famoso juego, de 4.50.

Claramente podemos ver una tendencia hacia el alza de la efectividad de Galarraga, comenzando mucho antes del 2010. Dicha tendencia no hizo más que mantenerse luego.

Pero, ¿no hemos dicho acá que la ERA no es uno de los mejores indicadores de efectividad, que hay otros como el Picheo Independiente del Fildeo (FIP, en inglés), que son más avanzados y fieles al desempeño del lanzador? Veamos entonces otra gráfica como la anterior, pero usando FIP esta vez:

Para dicho juego, su FIP era 5.12, aún peor que la efectividad, y manteniendo la tendencia al alza.

¿Quiere decir esto que ese juego no incidió en Armando? Yo dudo que no haya tenido un efecto anímico, me parece inevitable. Sin embargo, es inobjetable que ya había entrado en un progresivo desmejoramiento en su juego.

Los jonrones que acabaron con el Come Dulce.

El 11 de julio de 2005, en el Comerica Park de Detroit, Abreu hizo un despliegue asombroso de poder, al ganar doblando en jonrones a sus contrincantes más cercanos, con 41 batazos largos, una maravilla que les recomiendo ver acá.

Para la fecha del juego, Bob tenía 18 jonrones, terminando el año con 24, habiendo agregado apenas la tercera parte de lo que tenía a mitad de campaña. Se comentó muchísimo, y es un tema recurrente, que el esfuerzo durante el derby perjudicó su swing y con ello la posibilidad de dar más cuadrangulares ese año, e incluso en las temporadas siguientes.

Para analizar esta situación, veamos la distribución de jonrones de Abreu durante su carrera:

Tomando las campañas con turnos calificados, su promedio de HR antes de la temporada 2005 fue de 23.2 jonrones por temporada; luego de la 2005 fue de 16.85. Un raro declive, ¿no?

No necesariamente. Hay demasiados factores envueltos como para de una manera categórica hacer una afirmación en cualquier sentido, sin embargo, un hecho contundente que hay que considerar es que el promedio de jonrones por cada 162 juegos durante toda su carrera fue de 19 así que aun cuando bajó el ritmo para la segunda parte del 2005, estuvo por encima de lo que se podía esperar.

De igual forma, los años siguientes al 2005 estuvo muy cerca de esos 19 jonrones con 17.2. Sin embargo, hay un hecho más importante que considerar: esa temporada 2005, Bob cumplió 31 años, edad que se considera ya en el trayecto hacia el declive para el promedio de los jugadores de grandes ligas.

Veamos esto con una estadística interesante, el Poder Aislado o ISO por sus siglas en inglés. ISO se calcula simplemente restando el slugging (SLG) del jugador menos su promedio de bateo (AVG). El resultado de esto es que ISO nos permite ver el poder bruto del bateador, desde el punto de vista de la frecuencia con la que conecta extrabases en vez de sencillos. Se considera alrededor de 0.140 a un ISO promedio, 0.250 es excelente y 0.080 terrible.

Veamos el ISO de Bob para cada edad mientras estuvo activo y comparémoslo con el promedio de la MLB para las mismas edades y campañas:

Podemos ver claramente el efecto que produce sobre el poder de un bateador el transcurso del tiempo, elemento inevitable del que no escapa ningún ser humano.

Bob, la mayoría de su carrera, tuvo un ISO por encima del promedio para jugadores de su edad, pero tuvo un comportamiento con tendencia a la baja a medida que se hizo mayor, como la inmensa mayoría de los jugadores.

Es así como es más probable que su merma en la producción de jonrones haya sido propio de su envejecimiento natural que debido a cualquier otra razón.

Es siempre importante mirar el panorama desde un escenario amplio, con datos, históricos y tendencias, a hacerlo por las situaciones anecdóticas que pudiesen llevarnos a conclusiones erróneas.


Todas las estadísticas fueron tomadas de los sitios web www.fangraphs.com y www.stathead.com a menos que se especifique lo contrario.

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